Tras un merecido, y necesario, descanso me puse a patear como un poseso. Para empezar cuatro o cinco kilómetros desde mi hotel, en el área universitaria de Saint Paul (es muy recomendable visitarla, tiene unas tiendas y bares chulísimos), hasta el centro. Recorrí una zona residencial estupenda y me adentré en la "Magnificent Mile", una avenida comercial de excelsos edificios que arraca en el John Hancock Center y llega hasta el río que da nombre a la ciudad, con unos gigantes tan alucinantes como los que se ven desde la enorme torre Sears y con el lago Michigan de fondo.
El entorno del río está enmarcado por enormes construcciones que, pese a la diversidad de estilos arquitectónicos (desde el neoclásico al neogótico, pasando por la moderna Trump Tower de 50 plantas que está en construcción), constituye un armónico entorno del que es imposible abstraerse. Además no cuesta imaginarse a los sicarios del mismísmo Al Capone, metralleta en mano, en plena persecución.
Y también merece un buen paseo el distrito financiero, conocido como The Loop, porque está rodeado por una ruidosa línea de metro que circula a la altura de una segunda planta sobre la calle y a escasos metros de los sufridos oficinistas que ven pasar los trenes cada pocos minutos. Si seguís hacia el sur os encontraréis con el Millennium Park, una zona ideal para descansar un rato mientras tu vista disfruta con las esculturas, la Escuela de Arte de Chicago, un espectacular auditorio diseñado por el arquitecto del Guggenhein o esa extraña burbuja metálica (The Bean) de más de cien toneladas que te regala unas fotografías increíbles.
Bien cerquita del parque se encuentra el inicio de la legendaria Ruta 66, un lugar de obligado peregrinaje para cualquier rockero que se precie... ¡Y yo no iba a ser menos!
Y tampoco puedes pasar por alto el techo del país, la Sears Tower. Son más de 400 metros de altura y desde el mirador del piso 103 (¡el ascensor sólo tarda 72 segundos en subir!) podrás disfrutar de unas increíbles vistas de la ciudad.
Y, para terminar, si te gusta el basket tienes que acudir al United Center para fotografiarte junto a la estatua del mejor jugador de la historia: Michael Jordan, por supuesto. Eso sí, ¡tampoco hace falta que hagas el payaso como yo!
Bueno, vampis míos, Nueva York es tremenda, pero Chicago y Boston son dos ciudades mucho más bellas (además de humanas y habitables) que, si tenéis la oportunidad, deberíais visitar.J.F. "Willie Dixon" León










































